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¿Por qué el humo del tabaco causa cáncer?

JANO.es · 28 febrero 2008 10:18

Científicos estadounidenses muestran que la sustancia responsable de que las células pulmonares sanas se conviertan en tumorales es el peróxido de hidrógeno

Los ludópatas tardan casi 10 años en reconocer su adicción y la mayoría de ellos lo hace cuando su situación comienza a ser incontrolable. “Los pacientes que acuden a un especialista tienen entre 30 y 40 años, después de que su adicción al juego ha afectado a su vida durante años”, reconoce el Dr. Enrique Echeburúa, catedrático de Psicología Clínica de la Universidad del País Vasco.

Las estadísticas sugieren que un 1-3% de los adultos es ludópata o “tiene ‘juego problemático’, es decir, que el juego interfiere en su calidad de vida”. Aunque esta adicción es mayor entre la población masculina —el 70% es varón—, son las mujeres las que menos reconocen su patología acudiendo a un especialista. “Sólo solicitan ayuda el 10% de las mujeres”, asegura el Dr. Echeburúa.

El juego patológico o ludopatía es un trastorno mental en claro crecimiento gracias a la difusión masiva de las máquinas tragaperras y la oferta lúdica en internet. Este trastorno adictivo hace que el sujeto se vea empujado por un incontrolable impulso de jugar, cada vez más persistente, que consume su tiempo, energía y recursos emocionales y materiales. “El ludópata, cuando no juega, está pensando el juego”, afirma este especialista.

Patologías concomitantes

Además, los adictos al juego patológico también suelen experimentar otros trastornos, como el abuso de alcohol y drogas, la depresión o los trastornos de personalidad. Y no se trata sólo de un problema de los adultos, ya que en muchos adolescentes el juego recreativo ha pasado de ser una afición a convertirse en una adicción, con los problemas añadidos que esto conlleva: deudas, fracaso escolar e incluso problemas legales. “En los próximos años nos vamos a encontrar con un problema en la población adolescente: tabaco, drogas, alcohol, fracaso escolar y tragaperras”, reconoce el Dr. Echeburúa.

El principal problema para detectar la enfermedad es que la mayoría de los ludópatas no solicitan ayuda terapéutica porque consideran que controlan su adicción, especialmente en el caso de las mujeres. La percepción engañosa del autocontrol, junto con el rechazo social hacia la que se considera más un vicio que una enfermedad, explican la ocultación del problema hasta fases muy avanzadas y tras muchos años de complicaciones.

Clasificación del juego patológico

De acuerdo con los datos presentados en una jornada sobre juego patológico organizada por la Fundación Ramón Areces y la Fundación Gaudium, hay dos tipos de clasificaciones de la ludopatía, atendiendo al tipo de juego o a los propios jugadores.

En la primera se diferencia entre los juegos de competición, de azar, de riesgo o de reglas. Entre los de azar, se establecen cuatro grandes clases de juegos: por su licitud (lícitos o ilícitos); por su poder adictivo (públicos o privados); por su contenido (tragaperras, bingos, casinos, cartas, loterías y apuestas deportivas), y por su poder adictivo (muy o poco adictivos).

Son muy adictivos aquellos en los que hay un margen de tiempo muy escaso entre el momento de la apuesta y el resultado, mientras que son poco adictivos aquellos en los que pasa más tiempo antes de conocer el resultado.

En cuanto a los jugadores, hay cinco tipos: el no jugador, el jugador social, el jugador problema, el jugador patológico y el jugador profesional.

Reto terapéutico

Todo ello supone un reto terapéutico. En principio, señala el Dr. Echeburúa, serían los médicos de atención primaria los que deberían detectar la patología. Pero la realidad es que los enfermos acuden en fases muy avanzadas a los psiquiatras o las asociaciones de jugadores.

La ludopatía no está reconocida por el Plan Nacional sobre Drogas como adicción, debido a la inexistencia de una sustancia adictiva. “Así, no se ha incorporado al tratamiento médico y se suele tratar en grupos de autoayuda”, comenta este especialista.

A esto hay que sumar que el paciente solicita ayuda cuando está en una fase muy avanzada, por lo que el tratamiento debe conjugar en muchas ocasiones aspectos pisocológicos y farmacológicos. En el primer caso los programas de intervención propuestos son básicamente los mismos que los de otras adicciones: control de los estímulos, afrontamiento del craving, entrenamiento de las pautas de conductas alternativas, estrategias de resolución de problemas y modificación del estilo de vida. La intervención farmacológica lleva poco tiempo utilizándose y debe contemplarse desde un prisma individualizado.

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