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ONCOLOGÍA

Aprobada en España la nelarabina para la leucemia linfoblástica aguda

JANO.es y agencias · 24 enero 2008

El fármaco, desarrollado por GlaxoSmithKline y comercializado como Atriance, también está indicado para el linfoma linfoblástico de células T

Entre 1994 y 2003, el porcentaje de estudiantes de 14-18 años que había consumido cocaína en el último año se multiplicó por 4, pasando del 1,8 al 7,2%. En este mismo período el porcentaje de adultos de 15-64 años que había consumido esta droga pasó del 1,8 al 2,7%. La importancia creciente de este grave problema sociosanitario ha llevado al Dr. Luis Caballero, psiquiatra del Hospital Puerta de Hierro de Madrid y especialista en adicciones, a publicar Adicción a cocaína: neurobiología clínica, diagnóstico y tratamiento.

Esta obra, editada por la Delegación del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas (PNSD) y disponible en www.pnsd.msc.es, recoge aspectos como la epidemiología de su consumo, los últimos hallazgos sobre los mecanismos neurobiológicos que explican la adicción a la cocaína, las alteraciones neuronales y psicológicas que subyacen en su abuso y dependencia, y los avances en su diagnóstico y tratamiento.

Del uso al abuso

Las variables que, en cada caso, determinan la progresión del uso al abuso de cocaína, y de éste a la dependencia, no se conocen en detalle, pero se sabe que en torno al 10-15% de los consumidores regulares d esarrolla dependencia. En este sentido, el paso de la vía intranasal a otra más rápida —fumada o intravenosa— se asocia invariablemente a incremento de consumo y descontrol, y a riesgo de dependencia.

Una de las principales aportaciones de esta obra son las pautas dirigidas al tratamiento de la adicción y, de forma muy especial, las recomendaciones que dirige a los profesionales de la atención primaria (AP). Hay que tener en cuenta que la mayoría de consumidores y adictos a la cocaína no acude nunca a un centro especializado en busca de información o tratamiento, pero tiene contactos esporádicos con la AP, que puede desempeñar tareas informativas, preventivas y asistenciales. De hecho, el Plan de Acción sobre Drogas 2005-2008 cuenta con una línea de trabajo específica que busca la implicación de estos profesionales sanitarios.

Tras describir el importante papel de la AP, el libro incluye una relación de tareas específicas que sus médicos pueden realizar para afrontar la adicción: “Un profesional de AP bien informado puede valorar y orientar inicialmente un caso y ser clave en la prevención, identificación precoz e inicio del tratamiento de la cocainomanía. Muchos pacientes desconocen el alcance de su problema y su médico puede proporcionarles información a la vez que motivarles para tratarse si fuese necesario. Los pacientes sin conciencia de enfermedad suelen ser sensibles a la información específica sobre cocaína, más que a generalidades sobre las adicciones”.

Psicopatología concurrente

El médico de AP puede tratar farmacológicamente a un cocainómano cuando lo requiere su psicopatología concurrente —presencia de ideas paranoides o suicidas, depresión, etc.—, pero la prescripción para tratar la propia cocainomanía debe dejarse a los especialistas que seleccionarán los fármacos adecuados en función de las bases neurobiológicas conocidas de los síntomas, o de los trastornos que deben tratarse en cada caso, y en un contexto de control psicosocial.

Tareas específicas

En concreto, los expertos consideran importante que el médico de AP sea capaz de explorar las conductas específicas que implican riesgo y que indican abuso y dependencia. Éstas son reflejo de la neuroadaptación a la cocaína —aparición del craving, pérdida de control, aumento del tiempo y cantidades consumidas, consumo de base libre, aparición de síntomas psicológicos como depresión o psicosis, etc.— y acompañan regularmente a distintas alteraciones de la vida cotidiana, ya sean laborales, económicas, legales o interpersonales.

Aunque no existe un tratamiento biológico único estandarizado de esta adicción, el conocimiento de la acción de la cocaína en el cerebro permite sentar las bases de la recuperación. Dada la heterogeneidad de la población de cocainómanos y la variedad de situaciones clínicas que presentan, no hay muchas indicaciones absolutas cuya eficacia pueda garantizarse por los resultados de ensayos clínicos. Las dosis y la duración de los períodos terapéuticos deben establecerse en cada caso. En cuanto a las complicaciones más frecuentes que presentan estos pacientes, son la interrupción precoz del tratamiento, las recaídas y la resistencia que presentan a ser tratados.

Según los datos del PNSD, la proporción de urgencias hospitalarias por reacción aguda a la cocaína se duplicó prácticamente en el período 1992-2002 y el porcentaje de muertes por reacción aguda al consumo de drogas en las que se identificó su presencia pasó del 19,3% de los casos en 1987 al 54,4% en 2002. Por otra parte, el número de adictos a la cocaína que solicitaron tratamiento por primera vez en los dispositivos sanitarios públicos pasó de 932 en 1992 a 7.125 en 2002. Ese año, las demandas de tratamiento por adicción a cocaína superaron en número a las de heroína y desde entonces se mantienen a la cabeza.

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