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Descartan algunas de las conductas asociadas a la testosterona

JANO.es · 11 diciembre 2009

Un nuevo estudio concluye que la hormona no genera agresividad, egoísmo o comportamientos de riesgo descritos en investigaciones previas

Un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Zurich y la Royal Holloway de Londres, publicado en “Nature”, concluye que la testosterona no genera agresividad, egoísmo y conductas de riesgo, sino que puede fomentar comportamientos más positivos si sirven para asegurar el propio estatus o posición.
 
Los autores propusieron a 120 personas participar en un experimento conductual, que consistió en distribuir una cantidad de dinero en un juego donde las reglas permitían tanto las ofertas justas como las injustas, que el negociador podía aceptar o rechazar. Cuanto más honrada fuera la oferta, menos probable sería su rechazo por la contraparte. Si no se lograba acuerdo, perdían ambas partes. Antes de iniciar el test, los participantes recibieron una dosis de 0,5 miligramos de testosterona o la misma cantidad de placebo.
 
Según el neurocientífico de la Universidad de Zurich Christoph Eisenegger, uno de los autores del trabajo, lo esperable, según el parecer general, era que los sujetos que recibieron testosterona adoptasen estrategias agresivas, egocéntricas o arriesgadas, sin tener en cuenta las posibles consecuencias negativas en el negocio”. Sin embargo, los resultados demostraron que los participantes con los niveles de testosterona aumentados de forma artificial generalmente realizaban ofertas mejores y más justas que aquellos que habían recibido placebo, reduciendo el riesgo de rechazó al mínimo. Así, según Eisenegger, “el prejuicio de que la testosterona sólo genera agresividad o egoísmo quedó claramente refutado”.
 
Por contra, estos descubrimientos sugieren que esta hormona incrementa la sensibilidad hacia el estatus. “En la compleja sociedad humana, los comportamientos más sociales aseguran el estatus, no la agresión”, destaca el coautor Michael Naef, de la Royal Holloway, quien considera que podría ser la interactuación entre la testosterona y los entornos sociales diferenciados, no la testosterona por ella misma, “la causa de comportamientos tranquilos o agresivos”.
 
Para Naef, economista, “parece ser que no es la testosterona por sí misma la que genera agresividad, pero si el mito que rodea a esta hormona”. “En una sociedad donde las cualidades y las formas de comportamiento están cada vez más condicionadas por aspectos biológicos y, por ello, en parte legitimadas, esto debería hacernos reaccionar y tomar buena nota”, concluye.

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