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PSIQUIATRÍA

El dolor crónico podría causar depresión

JANO.es · 06 febrero 2008

También puede provocar trastornos del sueño y una mayor dificultad para tomar decisiones, según sugiere un estudio de la Northwestern University que se publica en el “Journal of Neuroscience”

A pesar de los significativos avances no ya sólo biomédicos, sino también sociales y económicos, logrados en las últimas décadas en nuestro país y en el resto de naciones desarrolladas, la percepción de los españoles sobre su propia salud no resulta tan positiva como cabría esperar por los gestores y profesionales sanitarios. Por el contrario, y de acuerdo con los valores sociales actualmente vigentes —competitividad, individualismo y consumismo—, cuanto mayores son los avances en el modelo biomédico de respuesta a los problemas de salud, peores son los resultados, cuando menos en términos de salud percibida.

En palabras del Dr. José Ramón Repullo, presidente de la Sociedad Española de Salud Pública y Sanitaria (SESPAS), “el otrora patrón de enfermedad individual, aguda y personalizada se está acercando a lo social, lo crónico y lo pluripatológico. Nunca habíamos vivido tanto, y nunca la longevidad resultó tan difícil de sobrellevar”.

Así se constata en el Informe SESPAS 2006, dedicado en su séptima edición al análisis de “Los desajustes en la salud en el mundo desarrollado”. Esto es, según explicó el Dr. Luis Palomo, presidente de la Red Española de Atención Primaria (REAP) y co-editor del informe, “a investigar cómo se vive, enferma y muere en las sociedades opulentas, a observar como influye el desarrollo y los estilos de vida colectivos en el comportamiento de la salud”. Publicado como suplemento de Gaceta Sanitaria (2006;20 Supl 1]), la revista más prestigiosa de salud pública y administración sanitaria en lengua no inglesa, el documento ha contado con el patrocinio de MSD y el apoyo institucional de la Junta de Extremadura.

Responsabilidad compartida

El informe, estructurado en 4 capítulos —enfermedades índice, en este caso la obesidad, la diabetes y el suicidio, que posibilitan el análisis de las distorsiones; estilos de vida; respuesta de los sectores sanitarios, y ecosalud y participación social—, solicita la participación de todos los sectores implicados en el cuidado de la salud —clínicos, políticos y la propia población general— como única vía para paliar la situación. Según refirió el Dr. Palomo, “a modo de ejemplo, la obesidad no es ya un problema individual, sino social: la población es cada vez más propensa a consumir mayores cantidades de kilocalorías, a un mayor sedentarismo, etc., lo que inevitablemente producirá un incremento de la prevalencia de diabetes”.

Es por ello que debe requerirse la implementación de medidas globales, y no así de las educativas individuales de carácter más tradicional. Como puntualizó el Dr. Palomo, “tenemos el ejemplo del descenso de la mortalidad por la obligatoriedad del uso de casco en motos. Y así, de forma global, hemos de intervenir en el caso de la obesidad, pues no puede ser que los alimentos más caros sean los que componen la dieta mediterránea”.

Enfermedades interesantes... y aburridas

España mantiene el liderazgo en cuestión de trasplantes —“y no solamente por la generosidad, como puede comprobarse cuando se observa la tasa de donación de sangre”, puntualizó Vicente Ortún— y un nivel muy elevado, cuando menos similar al estadounidense, en prácticas tales como artroscopias de cadera o rodilla.

El contraste se encuentra en aquellas enfermedades o entidades que, según Vicente Ortún, “resultan más aburridas para los clínicos. Como, por ejemplo, los juanetes o las hemorroides. Y es que los políticos y gestores no mandan, por lo que la atención no se corresponde con la demanda, con la necesidad real. Así, si uno padece una enfermedad interesante, la atención será rápida. Pero si es aburrida, se producirá bastante demora”.

Financiación sanitaria

Por lo que hace referencia a la respuesta del sistema sanitario, debe destacarse, tal y como explicó Vicente Ortún, director del Centro de Investigación en Economía y Salud de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona y co-editor del informe, “que el gasto público por persona se sitúa hasta 6- 12% puntos por debajo del nivel que, por nuestra renta, nos correspondería”. Gasto sanitario público, además, que se incrementará en los próximos años como consecuencia de diversos factores —principalmente por el envejecimiento poblacional— y, sin embargo, podrá ser sufragado con menos del 7% de los incrementos que experimentará la recaudación tributaria durante los próximos 10 años.

En consecuencia, y según concluyen los autores, el gasto no sólo es sostenible, si deseable —en promedio—, pues “dado que la calidad de vida de los ciudadanos es correcta, se trata de una inversión que merece la pena. No en vano, la mortalidad prematura y evitable ha descendido significativamente, un 23%, y la general el 20%”, apuntó Vicente Ortún.

Calentamiento global

En último término, el informe evalúa las posibles consecuencias que, fundamentalmente sobre la salud poblacional, pueden derivarse de los cambios climáticos inducidos por las sociedades desarrolladas. Como puntualizó el Dr. Luis Palomo, “a lo largo de todos y cada uno de sus artículos, el informe se presenta como una reflexión sobre si podemos asumir este estilo de vida y sobrevivir al mismo”.

A este respecto, hay que destacar los efectos sobre la morbimortalidad de las inundaciones, la contaminación y las enfermedades transmitidas por vectores. Pero, sobre todo, del calentamiento global, responsable de los incrementos de temperatura –hasta 0,4 ºC en invierno y 0,7 ºC en verano– que, por década, se producen en nuestro país. Todo ello, lógicamente, sin olvidar la importancia de las cada vez más frecuentes olas de calor –la sufrida en España en verano del año 2003 causó 6.500 muertos.

Fascinación tecnológica

La población española adolece de una notable fascinación tecnológica, “de una clara atracción por los nuevos tratamientos y medicamentos, que llegan a reclamar aunque se desconozca si pueden llegar a resultar perniciosos”, explicó el Dr. Luis Palomo. Así, por ejemplo, los últimos años han contemplado un incremento muy significativo de la prescripción de nuevos antidepresivos, situación que en ningún caso ha conllevado un descenso de la prescripción de los más antiguos.

El resultado, en definitiva y con o sin la referida fascinación, es un claro abuso de la asistencia sanitaria: medicación excesiva, muy especialmente en el caso de los antibióticos, y puesta en marcha de prácticas quirúrgicas innecesarias, como las cesáreas. Todo ello no implica, por el contrario, que muchos tratamientos útiles no se vean infrautilizados, caso de lo que sucede, según recordó el Dr. Repullo, “con algunas familias farmacológicas, muy especialmente los fibrinolíticos y los IECA”.

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