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REPRODUCCIÓN ASISTIDA

En busca de más seguridad en la reproducción asistida

JANO.es · 09 mayo 2008

Según el investigador Manel Esteller, el contacto de los ovocitos con determinados plásticos puede generar alteraciones genéticas en el futuro niño, por lo que es necesario investigar más en este campo

La Dra. Doris Taylor, directora del Centro de Reparación Cardiovascular de la Universidad de Minnesota (EE.UU.), ha coordinado el primer equipo de investigadores que ha conseguido crear un corazón artificial con capacidad contráctil a partir de células madre adultas. La Dra. Taylor estuvo en Madrid para participar en un simposio internacional sobre avances en la investigación traslacional de las enfermedades cardiovasculares organizado por la Fundación Ramón Areces y la Red Temática de Investigación Cooperativa en Enfermedades Cardiovasculares (RECAVA).

–Dra. Taylor, ¿podemos hablar de una nueva etapa en la investigación en regeneración cardíaca?

–Estamos en un momento muy importante. Tenemos las células, el esqueleto, etc. Es decir, disponemos de todo lo necesario para fabricar un órgano bioartificial y ésto está fomentando la investigación en otros ámbitos, como el riñón o el páncreas. Podremos hacerlo con cualquier órgano en unos 3 o 4 años. Creemos que es posible cultivar células humanas en el laboratorio y trasplantarlas posteriormente a la estructura o esqueleto de un corazón porcino en el que se han eliminado y limpiado todas las células del animal para que sea totalmente compatible con el organismo del paciente. Todo ello sin riesgo ni posibilidad de rechazo. Nuestra esperanza es poder ofrecer un corazón a cualquier persona que lo necesite.

–¿Y el problema del rechazo?

–A pesar de que sea un esqueleto fibroso extraño, las células son las del paciente, que han sido injertadas en el esqueleto del corazón del cerdo, transformando así su estructura en la del paciente, con todas sus características. A día de hoy, cuando se hace un trasplante se necesita de por vida un tratamiento con fármacos inmunosupresores. Es posible que con este sistema sólo se precisen durante una pequeña fase, hasta que el organismo asimile el esqueleto porcino como propio. Creemos que las células trasplantadas acabarán convirtiendo este esqueleto en “invisible” para el organismo que recibe el trasplante. Pero todavía tenemos que probarlo, lo que en la actualidad estamos haciendo en babuinos.

–¿Se pueden extrapolar sus resultados a otros órganos distintos del corazón?

–Con este sistema ya hemos desarrollado hígados, páncreas y riñones bioartificiales. Podemos fabricar cualquier órgano que necesite suministro sanguíneo. Empezamos con el corazón, un órgano más complejo, porque teníamos una gran experiencia previa.

–Las células madre, ¿deben trasplantarse en el lugar anatómico preciso para que desarrollen el órgano deseado?

–Todavía no lo sabemos, aunque llevamos trabajando en ello mucho tiempo. Desconocemos qué ocurre si se trasplanta una célula madre en cualquier parte del organismo, pero ahora, por vez primera, tenemos las herramientas suficientes para averiguarlo. Es un tema tremendamente interesante porque podemos empezar a entender el verdadero potencial de la regeneración tisular con células madre.

–¿Qué células han empleado para el corazón bioartificial?

–Usamos un nuevo tipo de células madre que hemos identificado recientemente, similares a las células embrionarias y que reciben el nombre de SSEA1 (Stage Specific Embryonic Antigen 1). Actúan como células embrionarias, pero en realidad son adultas, las más inmaduras que hemos encontrado. Somos capaces de cultivarlas, de crear millones en tan sólo una semana y de trasplantarlas. Además, no fomentan la creación de tumores. Creemos que son el tipo perfecto de células madre.

–¿Cuáles son las principales dificultades que se han planteado en el diseño de estos órganos?

–El principal problema con el que nos hemos encontrado en el corazón es conseguir que las células se conecten entre sí, que desarrollen el impulso eléctrico correcto y que se contraigan al unísono. En definitiva, que el corazón funcione, para lo que, en realidad, hay que enseñar a estas nuevas células dónde están. Hasta ahora no se había conseguido, pero nosotros lo hemos logrado. No sólo implantar las células en el corazón, sino que se integren en el órgano.

–Sin embargo, todavía no han trasplantado el corazón a un animal para reemplazar el existente…

–En nuestros trabajos sólo hemos injertado el corazón en el abdomen para comprobar si funcionaba correctamente, no para reemplazar a otro ya existente. Primero queríamos observar si se producía el suministro de sangre. Ya sabemos que funciona, que el órgano permanece vivo y que continúa latiendo. Ahora queremos averiguar si trabaja una vez trasplantado. Hemos superado la primera y la segunda fase, ahora vamos a por la siguiente.

–¿Qué resultados puede avanzar de sus próximos trabajos?

–Hemos trasplantado parches de células en zonas infartadas de un corazón para que se integren. También estamos desarrollando dispositivos ventriculares mecánicos que sustituyan al corazón cuando sea extraído momentáneamente para tratar alguna dolencia cardíaca. Además, hemos sido capaces de solucionar el problema del flujo sanguíneo a través de las arterias coronarias para que la sangre pueda circular sin que se formen trombos. Y, por último, hemos generado vasos sanguíneos con células endoteliales que podrían ser de gran utilidad para las personas que se operan por una insuficiencia cardíaca. Se evitaría así la necesidad de obtener los vasos de las venas de los propios pacientes.

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