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CARDIOLOGÍA

Identifican dos grandes grupos de células inmunes que están implicadas en la respuesta del corazón tras una lesión

JANO.es · 16 enero 2014

Según el estudio, llevado a cabo por investigadores de la Universidad de Washington, mientras que unas parecen promover la curación, las otras serían responsables de la inflamación, lo que va en detrimento de la función cardíaca a largo plazo.

Investigadores de la Escuela de Medicina de St. Louis de la Universidad de Washington, en Estados Unidos, han demostrado que dos grandes grupos de células inmunes están implicadas en el funcionamiento del corazón. Ambas pertenecen a una clase de células conocidas como macrófagos: una parece promover la curación mientras la otra es probable que conduzca a la inflamación, lo que va en detrimento de la función cardiaca a largo plazo.

El sistema inmune desempeña un papel fundamental en la respuesta del corazón a la lesión, pero hasta hace poco resultaba difícil distinguir los factores inmunes que alientan la curación de los que provocan un daño mayor.

"Se ha considerado durante mucho tiempo a los macrófagos como un solo tipo de célula", explica la profesora de Medicina de la Universidad de Washington Slava Epelman, primera autora del estudio. A su juicio, este análisis, realizado en ratones, muestra que en realidad hay muchos tipos diferentes de los macrófagos que se originan en distintos lugares del cuerpo, algunos son de protección y pueden contribuir al crecimiento de los vasos sanguíneos y regenerar el tejido, mientras otros son inflamatorias y contribuyen al daño.

Los macrófagos juegan múltiples papeles en el cuerpo, desde digerir las células muertas hasta la activación de otras células inmunes contra los invasores extranjeros. Los autores del trabajo, publicado este jueves en Immunity, partieron del supuesto durante mucho tiempo de que los macrófagos se originan en la médula ósea y circulan en el torrente sanguíneo, poblando los diferentes tejidos y respondiendo ante riesgos según sea necesario.

"Ahora sabemos que es más complicado --apunta Epelman--. Encontramos que el corazón es uno de los pocos órganos con un grupo de macrófagos formados en el embrión y mantenidos en la edad adulta. El corazón, el cerebro y el hígado son los únicos órganos que contienen un gran número de macrófagos que se originaron en el saco vitelino, en las primeras etapas de desarrollo, y creemos que estos macrófagos tienden a tener un efecto protector".

Epelman y sus colegas demostraron que los corazones sanos mantienen esta población de macrófagos embrionarios, así como un grupo más pequeño de macrófagos adultos derivadas de la sangre. Pero durante el estrés cardiaco, como la presión arterial alta, se reclutaron más macrófagos de la sangre para llevarlos al corazón, sustituyendo los macrófago embrionarios.

"Ahora que podemos ver la diferencia entre estos dos tipos de macrófagos, podemos tratar de focalizar uno pero no el otro", explica Epelman. "Queremos tratar de bloquear los macrófagos adultos de la sangre, que parecen ser más inflamatorios. Y queremos animar a los macrófagos de embriones que ya están en el corazón a proliferar en respuesta al estrés, ya que hacen cosas beneficiosas, ayudando al regenerar el corazón".

Peor cura en diabéticos

Epelman señala una razón evolutiva por la que los macrófagos embrionarios podrían estimular la curación. "Tiene sentido que, desde que se originan en el embrión, estos macrófagos hagan cosas que son buenas para el desarrollo del embrión, ayudando a su crecimiento, formación de vasos sanguíneos, organización y estructura y eliminando células muertas y moribundas", desgrana la principal investigadora.

Se deduce entonces que los macrófagos adultos procedentes de la médula ósea y que circulan en la sangre podrían estar mejor preparados para responder a la infección y, por tanto, se especializan en el desencadenamiento de una respuesta inflamatoria.

La compleja interacción entre estas células inmunes en el corazón puede dar una explicación de por qué algunas personas se curan después de un ataque al corazón, pero otras no. Por ejemplo, los pacientes con diabetes no se curan bien después de una lesión en el corazón.

"Sabemos que hay una relación entre la diabetes y la mala recuperación de la función cardiaca. Y una relación entre la diabetes y la función alterada de los macrófagos. Sabíamos que existían estos enlaces, sólo que no hemos sido capaces de ponerlo todo junto", recuerda.

En este sentido, señala que uno de los objetivos futuros es saber qué pasa con los macrófagos en momentos de estrés cardiaco, cómo cambia el equilibrio entre los tipos de células y si se puede influir en ese equilibrio. Aunque esta investigación se encuentra todavía en las primeras etapas, el estudio actual es un punto de partida para encontrar maneras de mejorar el tratamiento de problemas cardiacos crónicos.

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