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CIRUGÍA PLÁSTICA

La cirugía plástica es clave para minimizar las secuelas de la obesidad mórbida tras la cirugía bariátrica

SECPRE · 14 octubre 2021

De acuerdo con una estimación para 2030 publicada en 2019, el 2 por ciento de las mujeres y el 1,34 por ciento de los varones en nuestro país sufrirá obesidad mórbida, lo que supone el doble que en 2006 en el caso de las mujeres, y un crecimiento aún mayor en el caso de los hombres.

En este contexto, también aumentan los tratamientos para tratar este exceso de peso, como la cirugía bariátrica, que practican los cirujanos generales y digestivos cuando la obesidad pone en riesgo vital al paciente y se requiere una pérdida de peso rápida. Junto a ellos, los cirujanos plásticos y reparadores son los profesionales clave para hacer frente a las secuelas físicas de estas intervenciones con lo que se denomina cirugía posbariátrica.

Joan Fontdevila, secretario de la Fundación Docente de la Sociedad Española de Cirugía Plástica, Reparadora y Estética (SECPRE) y jefe de Servicio de Cirugía Plástica del Hospital Clínic de Barcelona, señala que estas intervenciones en ocasiones son necesarias para recuperar una calidad de vida aceptable, puesto que la pérdida repentina de mucho volumen corporal provoca la caída de la piel y pliegues, que pueden ocasionar, además de problemas estéticos, importantes trastornos funcionales.

"La caída de la piel del abdomen produce irritación en los pliegues y, en ocasiones, estas lesiones son difíciles de controlar y los pacientes tienen que emplear tratamientos dermatológicos para reducir las molestias que se acentúan en verano por el calor –explica-. También provocan problemas de movilidad, dificultad para hacer deporte, para encontrar ropa adecuada… en definitiva, los pliegues en la piel tras la pérdida de peso pueden complicar la vida laboral, social y personal de los pacientes".

Por este motivo, en algunos casos de secuelas graves en abdomen, pechos, brazos y muslos, estas intervenciones incluso son asumidas por la sanidad pública, pues forman parte del tratamiento de los pacientes. El perfil del paciente que se somete a cirugía posbariátrica es, de forma mayoritaria, el de "una mujer, de entre 40 y 50 años que sufría obesidad mórbida y ha perdido desde 25 a 50 kg con una intervención bariátrica", cuenta Fontdevila. En ocasiones, "el exceso de peso ha coincidido con la maternidad, lo que provoca más alteraciones", añade.

Se trata de operaciones complejas que precisan de una planificación exhaustiva. "La cirugía bariátrica, orientada a perder peso y que realizan los cirujanos generales y digestivos, se practica para reducir riesgos importantes a nivel cardiovascular como hipertensión, infartos, ictus..., enfermedades metabólicas como la diabetes, y artrosis prematura de las caderas y las rodillas que acaba requiriendo de prótesis. Las cirugías postbariátricas se practican con posterioridad, para paliar las secuelas físicas del exceso de piel y la pérdida de peso", explica Fontdevila, quien advierte de que no se trata de intervenciones menores. "Aunque bien planteadas no implican grandes riesgos, son mucho más largas que la propia cirugía bariátrica", detalla.

En concreto, "una abdominoplastia puede durar 3 horas si es por delante, y por detrás 5 o 6 horas. Las mamas, de 3 a 4 horas, y los brazos, unas 3 horas", afirma. Los cirujanos recomiendan en general realizar estas intervenciones de forma individual y no agruparlas. "Estas intervenciones entrañan cierta ‘agresividad’, porque retiramos mucho volumen de tejido del cuerpo –apunta el citado especialista-. Lo que se ha demostrado es que el riesgo de complicaciones desciende si lo limitamos a una cirugía cada vez, y el tiempo recomendado entre una y otra sería de medio año, por lo que el proceso completo puede durar varios meses o años".

De esta complejidad surge la necesidad de una buena planificación y diálogo médico-paciente. "Hay pacientes que valoran mal el resultado de la cirugía bariátrica, porque lo que ven son las consecuencias estéticas y algo que no es tangible, como la reducción del riesgo de ictus o diabetes, no lo aprecian. Ahí reside el papel del cirujano plástico para minimizar este tipo de secuelas del aspecto físico. Pero el diálogo y la comunicación con el paciente son muy importantes, porque a día de hoy no tenemos una tecnología que encoja la piel, y tenemos que cortar, por lo que son cirugías que generan muchas cicatrices. El paciente tiene que saber cómo serán, dónde estarán ubicadas, etc.", indica Fontdevila.

Además de la gestión de expectativas, advierte que los pacientes tienen que tomar una serie de precauciones de cara al postoperatorio. La más importante es no fumar. "El tabaquismo es nuestro gran enemigo, por el riesgo de necrosis de tejidos. Cierra los pequeños capilares y hace que la piel que ha sido estirada no tenga suficiente oxígeno y se abran las heridas", asegura. Estos pacientes, asimismo, tienen mayor tendencia al sangrado, por lo que es importante evaluar que no tengan anemia, pues son cirugías en las que se pierden bastantes líquidos", añade.

Para evaluar todos estos factores de riesgo, la figura del cirujano plástico es fundamental. Fontdevila lo resume de este modo: "Nuestro papel puede pasar más desapercibido para la población, pero implica cirugías mucho más largas y que hay que preparar de forma concienzuda. Estas intervenciones se salen de los estándares de la cirugía en pacientes que no han sufrido obesidad mórbida. Por ello, es importante la experiencia del cirujano en este tipo de operaciones, porque son procedimientos muy exigentes desde el punto de vista técnico y requieren más tiempos de quirófano y postoperatorios más delicados".

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