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PSIQUIATRÍA

La estimulación cerebral profunda reduce los síntomas del trastorno obsesivo-compulsivo grave

Eurekalert · 23 septiembre 2022

Una revisión de 34 ensayos clínicos revela que dos tercios de los afectados experimentaron una mejora sustancial en el plazo de dos años gracias a este tratamiento.

La estimulación cerebral profunda puede reducir a la mitad los síntomas del trastorno obsesivo-compulsivo (TOC) grave, según un análisis conjunto de los datos disponibles, publicado en el Journal of Neurology Neurosurgery & Psychiatry. Además, dos tercios de los afectados experimentaron una mejora sustancial en el plazo de dos años.

La estimulación cerebral profunda, que consiste en implantar electrodos en determinadas zonas del cerebro para regular los impulsos eléctricos anómalos, ha surgido en las últimas décadas como un posible tratamiento para quienes presentan síntomas graves.

Aunque varios estudios han sugerido que la técnica puede ser eficaz en personas con TOC, no siempre han cuantificado el impacto de factores potencialmente influyentes.

Para actualizar el cuerpo de evidencia existente, los investigadores revisaron sistemáticamente y agruparon los resultados de 34 ensayos clínicos publicados entre 2005 y 2021, con el objetivo de evaluar críticamente la eficacia de la estimulación cerebral profunda para aliviar el TOC y los síntomas depresivos asociados en adultos.

Los 34 estudios incluyeron a 352 adultos con una edad media de 40 años y un TOC de severo a extremo, cuyos síntomas no habían mejorado a pesar del tratamiento. En 23 de los estudios, se requería que los participantes hubieran tenido síntomas persistentes durante 5 o más años antes de considerar la cirugía.

De los 11 estudios restantes, uno exigía más de una década de síntomas y 2 o más años de tratamiento fallido; otro requería al menos un año de tratamiento fallido; y cinco no especificaban ningún requisito.

En promedio, los síntomas habían persistido durante 24 años. En 23 estudios se informó de problemas de salud mental coexistentes, entre los que se encontraban la depresión mayor (en más de la mitad de los participantes), el trastorno de ansiedad y el trastorno de personalidad. El periodo medio de seguimiento tras la estimulación cerebral profunda fue de 2 años.

El análisis final de los datos agrupados, que incluyó 31 estudios, con 345 participantes, mostró que la estimulación cerebral profunda redujo los síntomas en un 47%, y dos tercios de los participantes experimentaron una mejora sustancial dentro del período de seguimiento.

El análisis secundario reveló una reducción de los síntomas depresivos declarados, con una resolución completa en casi la mitad de los participantes y una respuesta parcial en otro 16%.

Unos 24 de los estudios informaron de datos completos sobre efectos secundarios graves, entre ellos: complicaciones relacionadas con el hardware, infecciones, convulsiones, intentos de suicidio, ictus y desarrollo de nuevas obsesiones asociadas a la estimulación. En total, 78 participantes experimentaron al menos un efecto secundario grave.

Los resultados llevan a los investigadores a concluir que existe "una sólida base de pruebas" que apoya el uso de la estimulación cerebral profunda para el tratamiento del TOC grave y persistente y la depresión asociada, pero advierten de que, "aunque estos resultados son alentadores, es importante recordar que la estimulación cerebral profunda no está exenta de limitaciones".

"En primer lugar -prosiguen-, requiere la implantación crónica de hardware y conlleva el riesgo asociado de complicaciones. Además, aunque informamos de una incidencia inferior al 1% de obsesiones de novo que implican al programador del paciente de la estimulación cerebral profunda o al propio dispositivo, sigue siendo una barrera significativa para la aplicación efectiva de la estimulación cerebral profunda para el TOC en determinados pacientes".

Además, precisan que "el éxito de la aplicación de la estimulación cerebral profunda requiere una estrecha alianza terapéutica entre los equipos de pacientes, neurocirujanos y psiquiatras expertos en centros especializados en la implantación y programación del dispositivo".

Referencia: J Neurol Neurosurg Psychiatry. 2022;jnnp-2021-328738. doi:10.1136/jnnp-2021-328738

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