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HIPERTENSIÓN ARTERIAL

La presión arterial sistólica alta aumenta el riesgo de hemorragia cerebral, y la diastólica el de aneurisma

JANO.es · 30 mayo 2014

Un estudio contradice la hipótesis generalizada de que ambos índices guardan relación con la aparición de las mismas enfermedades cardiovasculares.

Las presiones arteriales sistólica y diastólica elevadas pueden tener diferentes efectos en diferentes tipos de enfermedades cardiovasculares y a distintas edades, según una nueva investigación realizada con 1,25 millones de pacientes de centros de atención primaria en Inglaterra publicados en una edición especial de The Lancet.

El hallazgo se dará a conocer en Hipertensión 2014, la reunión conjunta de la Sociedad Europea de Hipertensión (ESH, por sus siglas en inglés) y la Sociedad Internacional de Hipertensión (ISH, por sus siglas en inglés), que tendrá lugar en Atenas, Grecia, entre el 13 y el 16 de junio.

Los nuevos resultados sugieren que los individuos con presión arterial sistólica más altas presentan mayor riesgo de hemorragia intracerebral (accidente cerebrovascular causado por sangrado en el tejido cerebral), hemorragia subaracnoidea (la forma más mortal de accidente cerebrovascular) y angina estable, mientras que la presión arterial diastólica elevada es un mejor indicador del riesgo de aneurisma de la aorta abdominal.

"Nuestros resultados no apoyan la hipótesis generalizada de que la presión sistólica y diastólica tienen fuertes asociaciones similares con la aparición de las enfermedades cardiovasculares a lo largo de un amplio rango de edad", explica la investigadora principal, Eleni Rapsomaniki, del Instituto Farr, en Londres, Reino Unido. El trabajo exploró los efectos de la presión arterial en el riesgo de enfermedades cardiovasculares en 12 grupos diferentes de edad como una primera presentación de la enfermedad cardiovascular.

Los investigadores examinaron los datos de la presión arterial usando los registros electrónicos de salud de 1,25 millones de pacientes sin enfermedad cardiovascular, con edades de 30 años y más, que fueron seguidos durante una mediana de 5,2 años para detectar el primer evento cardiovascular. También calcularon el riesgo de por vida de desarrollar enfermedades cardiovasculares específicas relacionadas con la presión arterial alta entre los 30 y los 80 años de edad.

Los resultados muestran que, a pesar de la terapia moderna, la carga de la hipertensión a lo largo de toda la vida sigue siendo sustancial. Por ejemplo, en una persona de 30 años con hipertensión (presión arterial = 140/90 mm Hg), el riesgo de por vida de desarrollar enfermedad cardiovascular es del 63% en comparación con el 46% de un individuo con una presión arterial saludable, y desarrolla la enfermedad cardiovascular cinco años antes.

Cumplimiento terapéutico

La angina estable e inestable representa casi la mitad de la pérdida del tiempo de vida libre de la enfermedad cardiovascular en esta edad, mientras que la insuficiencia cardíaca contribuyó a casi una quinta parte de los años perdidos en los individuos de 80 años o mayores. "Con los riesgos tan altos, es de suma importancia la necesidad de nuevas estrategias de reducción de la presión arterial es de suma importancia", afirma Rapsomaniki.

"Nuestras estimaciones proporcionan nueva información vital que puede ser utilizada para mejorar la orientación de los pacientes y la toma de decisiones para las personas con hipertensión, que se basan en la actualidad principalmente en los riesgos de ataque cardíaco y accidente cerebrovascular", agrega esta investigadora.

En un comentario relacionado el profesor Thomas Kahan, del Instituto Karolinska en Estocolmo, en Suecia, señala: "Aunque la eficacia del tratamiento antihipertensivo es indiscutible, los estudios observacionales sugieren que pocos pacientes alcanzan la presión arterial deseada".

En este sentido, aboga por dar varios pasos para mejorar el tratamiento antihipertensivo y tomar el control: la evaluación del riesgo cardiovascular global en pacientes individuales; mejorar la organización del cuidador, apoyo y educación; aumentar el cumplimiento terapéutico y la persistencia del tratamiento prescrito; ampliar el control de la presión arterial en el hogar y remitir a los pacientes con hipertensión no controlada a un centro especialista en hipertensión.

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