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PROGRAMA EDUCACIONAL SOBRE COMORBILIDADES DEL PACIENTE VIH

La prevalencia de coinfección por VIH y hepatitis C en España se redujo en un 54% entre 1997 y 2006

JANO.es · 29 octubre 2013

Según los expertos, el descenso se debe a un cambio en los patrones de transmisión del virus.

Aunque la proporción de nuevos diagnósticos de coinfección por VIH y hepatitis C (VHC) se ha reducido en los últimos años en España, pasando de un 73,8% en 1997 a un 19,8% en 2006, sigue habiendo un porcentaje muy importante de pacientes VIH que presenta una infección activa por VHC1. De hecho, “aproximadamente el 30% de los pacientes con infección por el VIH presentan también una infección activa por el virus de la hepatitis C”, ha destacado el Dr. Juan Antonio Pineda, de la Unidad de Enfermedades Infecciosas y Microbiología del Hospital Universitario de Valme (Sevilla), con motivo de la cuarta y última sesión formativa del “Programa educacional sobre las comorbilidades más prevalentes del paciente VIH”, un proyecto pionero puesto en marcha por MSD con el aval de GeSIDA y GEAM[1][*], que en esta ocasión analiza la coinfección por VIH y VHC.

La razón de este descenso en la prevalencia de la coinfección entre los pacientes españoles se debió, fundamentalmente, a un cambio en los patrones de transmisión del VIH1. Y es que, tal y como explica el Dr. Pineda, “hace 15 años la mayor parte de los pacientes infectados por VIH que llegaban a nuestras consultas eran usuarios o antiguos usuarios de drogas intravenosas. Actualmente, la mayor parte de los pacientes nuevos que llegan hasta nosotros han adquirido el VIH por vía sexual y, de esta manera, es mucho más difícil que el virus de la hepatitis C se transmita”.

No obstante, el porcentaje de pacientes coinfectados sigue suponiendo un reto para los especialistas y, por ello, la revisión del abordaje de estos pacientes continúa siendo necesaria para reducir, aún más, las cifras actuales. Y es que “la infección por VIH acelera la progresión de la infección por hepatitis C, lo que hace que el paciente evolucione muy rápidamente a cirrosis y que pueda llegar a fallecer por fallo hepático precozmente. Esto nos obliga a plantear estrategias para reducir la progresión de la enfermedad hepática que provoca el VHC”, indica el Dr. Pineda.

Aportación de los antivirales directos frente al VHC al manejo de la coinfección

El manejo del paciente coinfectado se basa en dos pilares: el tratamiento antirretroviral para el VIH y el tratamiento de la hepatitis C. Para este especialista en Enfermedades Infecciosas, “este último es el determinante más importante de la evolución de la enfermedad hepática del paciente coinfectado, pues la respuesta al mismo, incluso sin llegar a ser sostenida, se asocia a una prolongación de la supervivencia y del tiempo libre de descompensaciones hepáticas. Por su parte, la respuesta viral sostenida reduce de forma drástica la incidencia de estos eventos y la mortalidad, e incluso podría mejorar la evolución de la propia infección por VIH”.

En este contexto, “la incorporación de los antivirales directos frente al VHC ha supuesto un cambio no sólo en el tratamiento de la hepatitis C, sino también en el de la coinfección, pues si conseguimos erradicar el VHC, y esto es factible actualmente ya que disponemos de tratamientos antivirales, el enfermo coinfectado por el VIH y la hepatitis C evolucionará igual que aquel que sólo está infectado por el VIH. Es decir, tendrá que seguir con el tratamiento antirretroviral frente al VIH de por vida, pero tendrá unas expectativas de vida muy similares a las de la población no infectada al haber erradicado el virus de la hepatitis C de su organismo”, destaca el Dr. Pineda.

Cuanto antes

Así, a la hora de tratar al paciente coinfectado se debe tener en cuenta que “éste tiene que empezar el tratamiento antes que el monoinfectado. Si en quienes sólo están infectados por el VIH podemos diferir el inicio del tratamiento hasta que el recuento de CD4 es inferior a 500 células/mm3, en el paciente coinfectado hay que empezar el tratamiento desde el principio, sin tener en cuenta los CD4, tal y como indican las guías de tratamiento antirretroviral de GeSIDA”, explica el Dr. Pineda.

"Además –añade- en pacientes coinfectados el tratamiento antirretroviral debe contemplar la frecuencia de toxicidad hepática a corto y largo plazo de cada agente, puesto que la hepatitis tóxica aguda es más común en pacientes portadores simultáneos del VIH y del VHC. Asimismo, la esteatosis hepática asociada al tratamiento antirretroviral puede favorecer la progresión de la fibrosis hepática y dificultar la respuesta al tratamiento de la hepatitis C, por lo que es importante usar en estos pacientes fármacos con perfil metabólico favorable”. Por último, concluye el Dr. Pineda, “el tratamiento antirretroviral debe contemplar la compatibilidad con el de la hepatitis C, puesto que tanto los inhibidores de la proteasa como los de la retrotranscriptasa pueden interaccionar con los fármacos que usamos frente al VHC”.

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