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PSIQUIATRÍA

Más del 90% de suicidios presentan alguna enfermedad mental

JANO.es · 18 marzo 2010

Entre las patologías psiquiátricas más frecuentes en el suicidio están la depresión, el consumo de alcohol, los trastornos esquizofrénicos y los trastornos de personalidad.

“El 90% de personas que fallecen por suicidio sufren algún trastorno mental, en los intentos de suicidio este porcentaje se mantiene”, explicó el doctor Enrique Baca García, jefe del servicio de Psiquiatría de la Fundación Jiménez Díaz, durante la jornada La conducta suicida, celebrada ayer en Madrid y organizada por la Sociedad Española de Psiquiatría (SEP), la Sociedad Española de Psiquiatría Biológica (SEPB) y la Fundación Española de Psiquiatría y Salud Mental (FEPSM), en colaboración con la Asociación Nacional de Informadores de Salud (ANIS). 

Todos los trastornos mentales incrementan el riesgo de suicidio en relación al de la población general, “pero dicho riesgo varía en función del trastorno mental padecido, de modo que los que más influyen son los trastornos afectivos, la dependencia de alcohol y/o de otras drogas y las psicosis no afectivas”, asegura el especialista. Así, entre las patologías psiquiátricas más frecuentes asociadas están la depresión, el consumo de alcohol, los trastornos esquizofrénicos y los trastornos de personalidad.

Según el doctor Baca, las evidencias que apuntan a que los genes tienen un papel relevante en la predisposición a la conducta suicida son cada vez mayores. “Los estudios familiares, de adopción y de gemelos muestran que aproximadamente el 40% de la variabilidad en la conducta suicida podría tener una base genética. El riesgo genético para fenómenos complejos como los trastornos mentales y la conducta suicida no es el resultado de un único gen, sino de varios genes dispersos a lo largo de todo el genoma”. Para el especialista, actualmente “no existen dudas de que el suicidio es un comportamiento determinado por factores bio-psico-sociales. En los últimos años se ha realizado un gran esfuerzo investigador para tratar de conocer los posibles biomarcadores de este tipo de comportamiento y hasta la fecha los hallazgos más sólidos provienen de la presencia de niveles bajos de ácido 5-hidroxiindolacético (5-HIAA), el principal metabolito de la serotonina, en el líquido cefalorraquídeo”.

No obstante, el doctor  Baca explica que la asociación entre la disfunción serotonérgica y el suicidio es independiente del diagnóstico psiquiátrico. “Hay estudios que demuestran que las alteraciones de la respuesta al estrés, en particular la hiperactivación del eje hipotálamo-hipofisario-adrenal, en pacientes con conductas suicidas”.
También se ha encontrado una relación entre comportamientos violentos, conductas suicidas y pobre control de impulsos, y la tendencia a presentar hipoglucemias en el test de sobrecarga oral de glucosa. “Se ha sugerido que el déficit de serotonina podría disponer a los individuos a la falta de control de impulsos, la alteración del metabolismo de la glucosa y los comportamientos violentos”, añade el especialista.
Por otro lado, los lípidos son componentes fundamentales de las membranas biológicas teniendo un efecto estabilizador en ellas y regulando receptores específicos. En este sentido, el doctor señala que “distintos trabajos abordan la posible relación entre los niveles bajos de colesterol total (160 mg/dl o menos) y del LDL-colesterol con un mayor riesgo de suicidio.”
Para mejorar el control de los pacientes suicidas, los expertos demandan una serie de medidas, como “la utilización de un protocolo estandarizado en los hospitales para la recogida de información asociada al suicidio que sirva de guía para la toma de decisiones de las intervenciones, la creación de una red centinela en las urgencias de los hospitales para tener un observatorio permanente de la conducta suicida y poder monitorizarla de forma cercana y detallada. Y por último, garantizar que una vez dados de alta, los pacientes que han cometido intentos de suicidio acudan al seguimiento ambulatorio pautado”. Así lo afirma el doctor José Luís Ayuso Mateos, catedrático de Psiquiatría de la Universidad Autónoma de Madrid y Hospital Universitario de la Princesa.  
Factores predictores
Existen una serie de factores considerados como predictores de riesgo suicida, como padecer un trastorno mental -los que se acompañan de un mayor riesgo-, presencia de pensamiento suicida, verbalizaciones suicidas y planificación del acto, los antecedentes personales de tentativa -el mejor factor predictor conocido hasta la fecha-, aislamiento social, sentimientos de desesperanza, factores sociodemográficos, entre los que se incluye el sexo masculino y la edad por encima de los 60 años, antecedentes familiares de suicidio consumado y presencia de factores estresantes agudos o crónicos, entre los que se puede incluir enfermedades físicas de tipo crónico o discapacitante.
Entre las recomendaciones para la prevención del suicidio, el doctor Jerónimo Saiz, presidente de la SEP, recomienda incrementar la formación de los profesionales de la salud, restringir el acceso a los principales métodos suicidas, fomentar la concienciación sobre el problema a nivel comunitario y entre profesionales sanitarios y de otros sectores relevantes, implementar medidas para reducir los principales factores de riesgo asociados a los comportamientos suicidas y, por último, facilitar las medidas de soporte adecuadas a aquellas personas que hayan realizado tentativas suicidas o que, de modo indirecto, se hayan visto afectadas por ellas.
Primera causa de muerte no natural
Según datos oficiales del Instituto Nacional de Estadística (INE), el suicidio se situó en nuestro país, en 2008, como la primera causa no natural de defunción, con 3.421 personas fallecidas. Por sexo, los varones consuman el suicidio con una frecuencia entre 2 y 4 veces mayor que las mujeres, mientras que éstas realizan intentos de suicidio con una frecuencia 2-3 veces superior a la de los varones. Estas cifras suponen un número de muertes superior al de personas fallecidas en accidentes de tráfico.
Asimismo, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), aproximadamente un millón de personas fallece por suicido en el mundo, y el número de tentativas suicidas es unas 10-20 veces mayor. Es decir, se produciría una muerte por suicidio cada 40 segundos y una tentativa cada 3 segundos.
En este sentido, según la doctora Pilar Saiz Martínez, profesora titular del Departamento de Psiquiatría de la Universidad de Oviedo, “la puesta en marcha de programas preventivos de diversa índole es fundamental a la hora de reducir las tasas de comportamientos suicidas. A pesar de que el suicidio se ha convertido en uno de los focos prioritarios de la política sanitaria en la Unión Europea y la primera línea de Estrategia en Salud Mental del Sistema Nacional de Salud, la prevención de suicidio en la población general es uno de los objetivos principales”.

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