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Pescado, fruta, verdura y omega-3 frente a la demencia

JANO.es · 13 noviembre 2007

Una investigación francesa indica que las personas de edad avanzada con una dieta rica en los citados alimentos presentan menor riesgo de Alzheimer y otras demencias

En el verano del 82, la por entonces nueva España democrática se concedió un respiro en su proceso de transición para celebrar su Mundial de fútbol —suyo no ya sólo por su organización, sino también por la predestinación, ya entonces como en lo sucesivo, a la victoria en el torneo—. Un año, así como un verano, en el que imperaba el pelo largo, pero ya no tanto, los pantalones acampanados, pero ya tampoco tanto, y las camisas con grandes cuellos y las camisetas, como el resto de prendas, ciertamente ceñidas —si bien ya no tan ceñidas—. Una moda, como todas, llamada a repetirse algún día y, por ende, capaz de resucitar la omnipresencia de un personaje, el orondo Naranjito, que amen de nostalgia todavía despierta la sensación de bochorno que hace ya 25 años experimentamos la mayoría de los españoles.

Un cítrico futbolero

La presentación ante el mundo como un país moderno y democrático tuvo por abanderado a un cítrico futbolero. Y además, para general sonrojo, exprimido hasta la saciedad —serie de animación incluida— por mor del merchandising. Legiones de infantes disfrutaron con sus cromos, con sus enseres escolares, con las ropas (mal)tintadas con su efigie... Los adultos, aún más cabales —tan sólo en la teoría, como constata su resignación ante semejante espanto—, tampoco escaparon a la invasión. Esférico, naranja y ataviado con las ropas del equipo nacional, no resulta sin embargo la peor de las mascotas que han abanderado mundiales de fútbol o juegos olímpicos. De hecho, es de suponer que aún conserve el cariño de algunos italianos (los campeones a la sazón). En estas fechas se conmemoran 25 años de su puesta de largo; otras, por el contrario, sobrevivieron de mala manera a un único mes de competición.

Festival de tópicos

El debut de World Cup Willie, un león inglés para el Mundial de Fútbol de 1966, parece justificar que la selección de mascotas para los posteriores grandes eventos deportivos haya semejado un festival de tópicos. Así sucedió en el caso de los mundiales, con Juanito, el chamaquito de 1970; con Gauchito en Argentina 78; con nuestro Naranjito —compruébese con horror como la tradición del diminutivo de los mundiales hispanoparlantes no se vió violada—; con Pique, que por su vestimenta muy bien podría ser el propio Juanito tras el devenir de 16 años; o con Footix en 1998, el sempiterno gallo galo.

Cosas y animales…

Los Juegos Olímpicos —cuando menos en su versión estival— parecieron buscar la superior aceptación popular concedida al máximo evento futbolero con el plagio de la fórmula de los tópicos. Nacieron así Amik, el castor abanderado de Montreal en 1976; Misha, el oso ruso de Moscú ’80 —también protagonista de una espantosa serie de animación—; el Águila Sam, paradigma del tópico estadounidense, que sobrevoló Los Ángeles en 1984; Hodori, el tigre coreano y cabeza visible de Seúl ’88; y Olly, Syd y Millie en 2000, una cucaburra —ave de la familia del martín pescador—, un ornitorrinco y un equidna —u oso hormiguero con púas— de la siempre exclusiva fauna australiana.

Mención aparte merecen las mascotas alemanas —variadas y desconcertantes ante los ojos de los no profanos—, leáse Weldi, “buenos días” en el original, en los JJ OO de Munich (1972), Tip y Tap en el mundial de 1974, y Goleo VI en el reciente 2006, con el que se vuelve a los orígenes de World Cup Willie y se logra la cuadratura del círculo. Striker, estadounidense futbolero de 1994; Kaz, Ato y Nik (abanderados del fiasco mundialista de Corea/Japón en 2002); y, quizá no tanto, los mitológicos hermanos Athena y Phebos de la olimpiada ateniense de 2004, serían dignos acompañantes del grupo de inclasificables. Peor aún es el caso de los campeones del espanto, entre los que se cuentan Ciao (mundial de fútbol de 1990 en Italia); Izzy, la aberración parida para la olimpiada de Atlanta en 1996 y bautizada por la inocencia infantil —los niños siempre acompañaban su contemplación con un explícito What is it?—; y, cómo no, nuestro Cobi, exponente del modernismo o del aspecto que cobra un can tras ser atropellado por un camión.

Las que vienen

Mas no se preocupe la concurrencia: los JJ OO de Pekín de 2008 recuperan el festival de tópicos con su panda Jingjing, el pez Beibei, el antílope tibetano Yingying, la golondrina Nini y la llama olímpica Huanhuan. Y a la par, se adentran en el grupo de inclasificables, pues con excepción del oso, ninguno es realmente un animal o cosa. Además, por si no resultaba suficientemente enrevesado, todos juntos resultan Fuwa —o, como todo el mundo conoce, ‘niños de la buena fortuna’.

Naranjito nos abandonó hace 25 años. Deseamos de todo corazón que sea feliz en el cielo de los vegetales. Pero, por favor, que no vuelva…

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