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CIRUGÍA

Retrasar la cirugía al menos siete semanas tras un diagnóstico de COVID-19 reduce la mortalidad postoperatoria

Europa Press · 24 marzo 2021

Una nueva investigación internacional publicada en Anaesthesia concluye que la cirugía debe retrasarse siete semanas después de que un paciente dé positivo en la prueba del SARS-CoV-2, ya que los datos muestran que la cirugía que se realiza entre 0 y 6 semanas después del diagnóstico está asociada a una mayor mortalidad.

El estudio es fruto de la COVIDSurg Collaborative, una colaboración mundial de más de 15.000 cirujanos que trabajan juntos para recoger una serie de datos sobre la pandemia de COVID-19.

Aunque se sabe que la infección por el SARS-CoV-2 durante una intervención quirúrgica aumenta la mortalidad y las directrices internacionales recomiendan retrasar la cirugía en el caso de los pacientes que dan positivo en la prueba de la COVID-19, hay pocas pruebas sobre la duración óptima del retraso.

Este estudio multicéntrico internacional incluyó a 140.231 pacientes de 1.674 hospitales de 116 países sometidos a cirugía en octubre de 2020. Los hospitales participantes incluyeron a todos los pacientes sometidos a un procedimiento quirúrgico. Se trata del mayor estudio quirúrgico colaborativo jamás realizado a escala mundial.

Los pacientes que se infectaron con el SARS-CoV-2 después de su cirugía fueron excluidos del estudio. El objetivo principal fue la muerte postoperatoria a los 30 días. Se utilizaron modelos estadísticos para ajustar las variables por paciente, enfermedad y operación y calcular las tasas de mortalidad a los 30 días ajustadas para diferentes periodos de tiempo desde el diagnóstico de SARS-CoV-2 hasta la cirugía.

El tiempo transcurrido desde el diagnóstico de SARS-CoV-2 hasta la intervención quirúrgica fue de 0 a 2 semanas en 1.144 (0,8 por ciento) pacientes, de 3 a 4 semanas en 461 (0,3 por ciento), de 5 a 6 semanas en 327 (0,2 por ciento), de 7 semanas o más en 1.205 (0,9 por ciento), y 137.590 (97,8 por ciento) pacientes no tenían infección por SARS-CoV-2. La mortalidad ajustada a los 30 días en los pacientes que no tenían infección por SARS-CoV-2 fue del 1,5 por ciento. Esto aumentó en los pacientes operados a las 0-2 semanas (4,0 por ciento), 3-4 semanas (4,0 por ciento) y a las 5-6 semanas (3,6 por ciento), pero no a las 7-8 semanas (1,5 por ciento) después del diagnóstico de SARS-CoV-2.

Estos resultados fueron consistentes en todos los grupos de edad, niveles de aptitud física de los pacientes, urgencia (electiva frente a urgente) de la cirugía y grado (menor frente a mayor) de la cirugía. Tras un retraso de 7 semanas o más, los pacientes con síntomas continuos de COVID-19 (6,0 por ciento) tuvieron una mayor mortalidad que los pacientes cuyos síntomas se habían resuelto (2,4 por ciento) o que habían estado asintomáticos (1,3 por ciento).

"Hemos comprobado que los pacientes operados entre 0 y 6 semanas después del diagnóstico de la infección por SARS-CoV-2 tienen un mayor riesgo de muerte postoperatoria, al igual que los pacientes con síntomas continuos en el momento de la cirugía. Recomendamos que, siempre que sea posible, la intervención quirúrgica se retrase al menos 7 semanas después de un resultado positivo de la prueba del SRAS-CoV-2, o hasta que los síntomas se resuelvan si los pacientes tienen síntomas continuos durante 7 semanas o más después del diagnóstico", explica uno de los autores, Dmitri Nepogodiev.

Referencia: Anaesthesia. 2021 Mar 9. doi: 10.1111/anae.15458

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