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ONCOLOGÍA

Un test detecta rápidamente si la quimioterapia funciona

JANO.es · 15 octubre 2007

Científicos australianos han creado la nueva prueba, consistente en inyectar un colorante molecular que marca las células muertas a partir de las 24 horas de recibido el tratamiento

La investigación biomédica española, uno de los ámbitos de la ciencia que acapara mayor número de artículos publicados en revistas científicas, sitúa a nuestro país en el undécimo puesto del contexto internacional, una posición que, sin ser mala, está dos puestos por debajo de lo que nos correspondería por nivel socioeconómico.

La posición se constata también si se atiende al número de citas bibliográficas, indicador que refleja con rigor la calidad de una producción científica que, aunque vive tiempos de mejoría, sigue sin estar en el lugar que debiera.

En relación con el entorno europeo, la inversión del sector privado frente al público en España --un 48% del total-- se sitúa diez puntos por debajo de los niveles medios de la Unión Europea. Respecto a los recursos humanos, España, con 4,5 investigadores por cada mil habitantes, está en desventaja frente a Europa, en donde hay 5,5 investigadores por cada mil europeos.

Y en inversiones en actividades de I+D+i, aunque también se detecta una leve mejoría, es fácil observar nuestra deficitaria situación si se considera, por ejemplo, que países como Estados Unidos y Japón destinan a este ámbito en torno al 3% de su Producto Interior Bruto, que en las naciones de la UE ronda el 2% y que en España apenas supera la barrera del 1%.

Estos datos se reflejan, por boca de los más cualificados expertos, en el monográfico que, bajo el título "El futuro de la investigación en España", JANO pone hoy en sus manos, cuando se cumplen 35 años de su nacimiento. Mil seiscientas treinta y dos semanas fiel al lector y a la mejor información en el apasionante mundo que conjugan medicina y humanidades.

A través de artículos sobre la responsabilidad social de la investigación biomédica, la investigación en medicina, la investigación clínica de calidad en nuestros hospitales, el sistema de redes de investigación, de la epidemiología genómica a la biomedicina de sistemas, o el impacto de la I+D+i sobre el crecimiento económico, el presente número hace balance, revisa la actual situación y, muy especialmente, analiza las claves de la investigación biomédica en los años que se avecinan. La que se producirá en un próximo y esperanzador futuro en el que, sobre la realidad investigadora que ya está en marcha en ámbitos como la terapia celular, la medicina molecular, la nanomedicina y la genética clínica, permiten atisbar una medicina personalizada y predictiva de muy amplios horizontes.

El análisis del diagnóstico actual, hecho público por el Instituto de Salud Carlos III, remite a la dispersión y fragilidad de la investigación en España: grupos de investigación de alto nivel cualitativo, pero reducido tamaño y dispersos, y escasez de recursos humanos y económicos destinados a I + D + i; a la separación entre el Sistema Nacional de Salud y la investigación biomédica: servicios de salud de notable calidad asistencial con relativo alejamiento de las tareas de I+D; formación de especialistas separada del sistema de I+D en investigación biomédica: investigación clínica de alto nivel escasa y restringida a unos pocos grupos; actividad investigadora sin conexión con la carrera profesional y separación casi completa de la investigación básica --o técnica-- de la clínica.

Por último, el diagnóstico alude a una baja implicación de la industria farmacéutica y biotecnológica --aunque no debe olvidarse de dónde surgen buena parte de los fondos que hacen posible el sistema de investigación en redes-- y al reducido desarrollo de la ingeniería biomédica propia. Se apunta que la industria farmacéutica, biotecnológica y de ingeniería biomédica considera a nuestro país consumidor y no productor; que la fragilidad y dispersión de nuestro sistema de I+D lo hace relativamente poco atractivo para atraer las inversiones de la iniciativa privada, y que a pesar de su elevado gasto el SNS participa de forma testimonial en la generación de retornos tecnológicos y en la creación de riqueza.

Así las cosas y desde la evidencia de que la investigación biomédica, mediante su influjo en la medicina actual, repercute constantemente en la sociedad, su estructura y sus componentes, como en la sociología del comportamiento, la evolución demográfica o la transición epidemiológica, el Plan Nacional de I+D+i 2004-2007 se marca entre sus objetivos prioritarios en política de investigación en biomedicina el incremento de la masa crítica de investigadores en el SNS y el fomento de la investigación biomédica transnacional, con el fin de reducir el intervalo en la transferencia de los resultados de los proyectos de investigación básica a la investigación clínica.

En definitiva, a nadie se le escapa que en los últimos años la investigación biomédica española ha experimentado significativos, aunque no suficientes, avances. Para que alcanzemos y asentemos el lugar que nos corresponde en el plano mundial los expertos propugnan la ineludible necesidad de un pacto por la ciencia que, en palabras de Francisco Gracia, director del Instituto de Salud Carlos III, debería ser un pacto social, no sólo político, que implique al Gobierno central, a las comunidades autónomas y al sector productivo --empresarios y sindicatos-- que haga posible garantizar que la I+D sea una prioridad de todos los gobiernos, independientemente de su color político.

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