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OFTALMOLOGÍA

Crean un ratón para el estudio de la DMAE

JANO.es · 30 enero 2008

Ha sido desarrollado por investigadores de la Cleveland Clinic, quienes publican su investigación en "Nature Medicine"

Los avances producidos en los últimos años en la ciencia de los materiales parecen conceder viabilidad a un proyecto tildado en su momento de descabellado.

En 1960 el ingeniero ruso Yuri Artsutanov formuló por primera vez el concepto de ascensor espacial en un artículo publicado en Pravda, aunque reconocía que en aquel momento ningún material conocido podía soportar la enorme tensión producida por su propio peso.

Sin embargo, los avances producidos en los últimos años en la ciencia de los materiales parecen conceder viabilidad a aquel proyecto. En concreto, los expertos consideran que los nanotubos de carbono, descubiertos en 1991, podrían soportar la tensión de un hipotético ascensor espacial que dejaría anticuados los costosos cohetes actuales.

Básicamente, se trataría de una estación espacial en una órbita geosincrónica —al paso de la rotación de la Tierra— y de la que partiría un cable de más de 35.786 km de largo y 20 toneladas de peso que llegaría hasta el suelo. Una vez instalado, podrían subir y bajar por él naves y cargas a un coste un 99% menor que el que supone lanzarlos por medio de cohetes.

De hecho, un antiguo ingeniero de la NASA, Bradley C. Edwards, afirma que ya existe la tecnología necesaria y ha elaborado un proyecto que estima en 15 años el tiempo necesario para construirlo con un coste 10 veces menor que el de la Estación Espacial Internacional.

Edwards propone que el ascensor espacial se construya de manera análoga a como se construían los puentes en tiempos pasados: tendiendo una cuerda entre ambos extremos del obstáculo natural y reforzando progresivamente la cuerda inicial con tramos cada vez más gruesos y resistentes.

Este elevador se basaría en una cinta extremadamente fina —de tan sólo unos cuantos nanómetros— de nanotubos de carbono, que sería lanzada al espacio de manera convencional. Una vez en órbita geoestacionaria, la cinta sería bajada a la Tierra con la ayuda de un peso y anclada en una plataforma flotante en algún punto del ecuador. Pese a su fineza, la cinta de nanotubos de carbono sería lo suficientemente resistente para soportar el ascenso de un vehículo eléctrico de un centenar de kilogramos.

Este visionario ingeniero también propone utilizar esta capacidad de carga para reforzar el cable añadiendo más cintas a la primera, proceso que se repetiría hasta lograr construir un cable compuesto capaz de llevar a órbita geoestacionaria la capacidad de carga deseada.

El futuro está en los nanotubos

Los nanotubos son una forma elemental de carbono, como el diamante, el grafito o los fullerenos. Se pueden ver como láminas de grafito enrolladas sobre sí mismas. Se conocen derivados en los que el tubo está cerrado por media esfera de fullereno, y otros que no están cerrados. También se conocen nanotubos monocapa —un solo tubo— y multicapa —varios tubos concéntricos, como muñecas rusas—. Están siendo estudiados activamente, como los fullerenos, por su interés fundamental para la química y por sus aplicaciones tecnológicas. Es, por ejemplo, la primera sustancia conocida por la humanidad capaz de sustentar indefinidamente su propia presión gravitatoria, una condición necesaria para la construcción de un ascensor espacial.

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